Pensando en voz alta le conté al cielo mis más oscuros deseos. Le dije qué es lo que quiero y qué es lo que no. Y en esa enumeración de hechos vitales, el destino que atento escuchaba me preguntó qué era lo que sin dudar entregaría al olvido, y fue ahí cuando pronuncié tu nombre. Riendo por mi respuesta preguntó que era lo que mas deseaba, y yo le respondí que era extraño, pero no recordaba su nombre.
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